La Federación de Enseñanza de CC.OO. exige a las administraciones
educativas autonómicas que inviertan, al menos, unas cuantías iguales a
las partidas que el Gobierno central, a través del Consejo de Ministros
del pasado día 4 de diciembre, les ha asignado para que emprendan
actividades de impulso y difusión de la nueva Formación Profesional.
En esta primera fase se trata de difundir e informar a la sociedad de
las diferentes modalidades de oferta formativa, el proceso de evaluación
y acreditación de las competencias adquiridas por la experiencia
laboral, así como la orientación profesional a los estudiantes, y la
puesta en funcionamiento de los Centros Integrados de Formación
Profesional y de los Centros de Referencia Nacional.
La cantidad que el Gobierno ha destinado para esta campaña asciende a
seis millones de euros. El programa se inscribe en la llamada hoja de
ruta presentada recientemente por la ministra de Educación y el ministro
de Trabajo para la modernización y extensión de la Formación Profesional
y que se están desarrollando en diálogo con los interlocutores sociales
y con las administraciones implicadas.
La Formación Profesional se ha convertido en un ciclo educativo con
futuro, como o demuestra el hecho de que en 2020 la mitad de todos los
empleos en Europa requerirán, al menos, una formación secundaria
postobligatoria, fundamentalmente de FP, lo que supondrá el final de los
empleos de baja cualificación en la Unión Europea.
En España las tasas de escolarización son homologables a las de los
demás países europeos en todos los niveles educativos (a partir de los 3
años) excepto en Formación Profesional. Faltan técnicos, sobre todo de
grado medio, por lo que el primer objetivo es doblar el número de
estudiantes de este ciclo educativo. Para conseguir una Formación
Profesional que responda a lo quieren los estudiantes, a lo que demandan
los trabajadores y a lo que necesita nuestro sistema productivo no se
necesita ninguna nueva normativa, sino simplemente desarrollar la Ley
5/2002 de las Cualificaciones y la LOE. Esto supone ampliar la oferta
formativa, una tarea que corresponde fundamentalmente a las comunidades
autónomas, que han de desarrollar una planificación y una oferta
adecuada y no restrictiva. Además la oferta tiene que ser de calidad,
con ciclos mejor equipados y con unos requisitos mínimos de los centros
que garanticen una escolarización óptima y con profesorado suficiente.
Asimismo es preciso concluir lo antes posible el catálogo de las
cualificaciones y el de los nuevos títulos. Al ritmo actual no se
acabará hasta dentro de seis o siete años.
Además de flexible y renovada, de manera que responda adecuadamente a
las necesidades de los sectores productivos y anticipar las futuras, se
debe ofertar una FP con distintas modalidades para que los trabajadores
y estudiantes puedan conciliar la formación con el trabajo o con otra
actividad, garantizando así el derecho a la formación a lo largo de la
vida a todos los trabajadores,.
Por último, es preciso asegurar en los institutos de Enseñanza
Secundaria una oferta suficiente de los nuevos Programas de
Cualificación Profesional Inicial y su articulación con los ciclos
formativos de grado medio con el fin de motivar la continuidad de los
jóvenes en el sistema educativo y facilitarles el acceso a una
titulación que les ofrezca mejores oportunidades de inserción laboral.
Naturalmente, estas medidas serán inaplicables si no se reconoce
socialmente al profesorado que imparte la Formación Profesional, con
unas adecuadas condiciones laborales y una sólida formación permanente,
que le permita estar actualizado científica y pedagógicamente en un
contexto socioeconómico tan cambiante. Ese reconocimiento a lo largo de
nuestra vida profesional ha de traducirse en una verdadera promoción
profesional en el marco del futuro Estatuto de la Función Pública
Docente.
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