| "La
teoría de la historia de Marx es la mejor que conozco" Pedro Badía Alcalá |
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| Catedrático de la
Historia de la Economía en la Universidad de Alcalá de Henares y presidente de la
Asociación de Historia Económica, Gabriel Tortella acaba de publicar su último libro,
La Revolución del siglo XX (Taurus). Este "universalista marxista", como le
gusta autodefinirse, piensa que la historia sirve para entendernos y comprender el futuro,
y que los "nacionalismos chauvinistas" son tan odiosos como el franquismo.
Tortella sostiene que la transición política española se gestionó mal porque se
intentó quemar etapas demasiado deprisa, y cree que la educación se ha dejado en manos
de los nacionalistas, que se dedican a intoxicar a la juventud, algo que, a su juicio, en
el País Vasco está teniendo unas consecuencias muy graves. ¿Para que sirve el estudio de la historia? La historia es la madre de las ciencias sociales y por tanto no podemos conocer ni entender la sociedad sin conocer o entender la historia, que antiguamente se le consideraba magistra liter, la maestra de la vida. Desde el siglo xviii la historia es una ciencia social y Voltaire y Ranke son los dos historiadores más citados como los creadores de ésta. Soy de los pocos historiadores españoles que mantengo que la historia sirve para entendernos y comprender el futuro e intentar predecirlo. Si pensara que el historiador no debe hacer hipótesis sobre el futuro, francamente me dedicaría a otra cosa. A los economistas y yo lo soy, les pasa lo mismo, hacen economía para predecir lo que va a pasar, al menos a corto plazo. Quizás se equivocan muchísimo pero de eso se trata. ¿En qué sentido la historia es una disciplina que educa? Nos enseña los errores y los aciertos del pasado. Estudiando el siglo XX nos damos cuenta de hechos en los que no queremos volver a caer: los horrores de la Primera y Segunda Guerra Mundial, el fascismo, el nazismo, el totalitarismo o los horrores de los comunistas rusos. No cabe duda de que la transición a la democracia en España fue facilitada porque conocíamos por la experiencia de otros países que el modelo que intentábamos implantar era viable. Fue una transición muy difícil y complicada, de enormes tensiones. Ahora sabemos que la democracia no produce los grandes desórdenes que auguraban los más conservadores. Con la Revolución Industrial, en Inglaterra, ocurrió lo mismo, al ser la primera fue la que produjo más tensiones, sufrimientos y desigualdades. Más tarde, cuando se inició en otros países no ocasionó estos problemas porque aprendieron de los errores cometidos. Por ello es tan importante que los políticos aprendan historia, porque en muchos casos parecen no saber nada. ¿Dónde radica el problema en la polémica sobre la enseñanza de la historia y de las humanidades? Por desgracia el debate es político e ideológico. Temo que ninguna de las dos partes está aplicando criterios científicos y desinteresados. Los nacionalistas regionales intentan forjar un historia nacionalista y negar o ensombrecer a España pintándola como una potencia opresora. Ahora se ha producido una reacción por parte del Gobierno o digamos de los españolistas. España se ha convertido en un término que suscita animadversión, algo absurdo y que extraña en otros países. A nadie en Francia, Inglaterra o Italia se le ocurre hablar del estado alemán en lugar de referirse a Alemania, aunque haya sido un país conflicto. Hace unos meses asistí a un congreso en Varsovia, una ciudad que fue destruida por los nazis, donde masacraron a los judíos en los años 43 y 44, y prácticamente a todos sus habitantes. Cuando los alemanes visitaron la ciudad estaban afectadísimos, pero no renegaban de Alemania sino del nazismo; no se les ocurría, como a los nacionalistas regionales españoles, dar vueltas al lenguaje, negarse a nombrar a España y sustituir la palabra por "Estado español". También es absurdo utilizar la historia como arma arrojadiza. Se han hecho panegíricos de Felipe II y de Carlos V tan absurdos como las denigraciones sistemáticas que se hacen en Cataluña, el País Vasco y Galicia, donde se exalta a personajes que históricamente son muy pocos significativos. Bien está que a nivel local se los ensalce aunque no hasta el punto de ensombrecer a los más relevantes. Lo cierto es que ni el Gobierno ni los grupos nacionalistas se ponen de acuerdo sobre la enseñanza de la Historia de España. Tradicionalmente la historia de un país se convertía en la columna vertebral de la formación nacional y cívica, mientras no se enseñara con una visión sectaria. Considero lógico que se estudie la historia de España sin que ello impida el estudio del País Vasco o de Cataluña separadamente. La historia del País Vasco aisladamente carece de interés porque nunca ha tenido independencia. Habría que hacer un gran esfuerzo para estudiar la historia del País Vasco sin estudiar la historia de España. En cambio, la historia de Cataluña y yo soy de origen catalán- tiene más entidad, aunque de todos modos es también la de España recortando cuatro elementos que además pertenecen también a la historia de España, porque la rebelión de los catalanes en 1640 es una parte fundamental de nuestra historia. Hace poco me decían en Valencia que el valenciano y el catalán no tienen nada que ver. ¿Cómo es posible? Evidentemente hay unas variaciones de vocabulario y de pronunciación. Es lo mismo que si los portugueses dijeran que su idioma no tiene nada que ver con el gallego o los americanos que su inglés no tiene nada que ver con el de Inglaterra. En América Latina todo el mundo dice que habla español, mientras que nosotros, para no herir susceptibilidades, decimos castellano. Creo que en las autonomías se plantea una visión partidista y falsa de la historia, y esto no se debe tolerar porque se está perjudicando al alumnado. ¿España es una creación política? Todos los países europeos son la aglutinación de unidades menores formadas en la Edad Media. Al descomponerse el Imperio Romano, Europa se convierte en una estructura política amorfa, con grandes dificultades para amalgamar los componentes germánicos y no germánicos, como los magiares. El Imperio Romano tampoco había conseguido totalmente uniformizar a las culturas prerromanas, Hispania, Galia y la propia Italia. En la Edad Media se crearon comunidades pequeñas con una cierta independencia. La unificación de Carlomagno fue muy efímera. Cuando a partir del Renacimiento surgen los estados nacionales, éstos aglutinan otras entidades preexistentes con mayor o menor desarrollo. La península ibérica no es el único caso. Francia tiene la Bretaña y la Aquitania con idiomas distintos y lo mismo ocurre en Inglaterra, con Escocia, Gales e Irlanda. En el siglo XIX es un conjunto de unidades políticas independientes, lo mismo que Alemania. La situación de España no es tan diferente, ya que fue uno de los primeros estados que se formó como tal con la unificación de los Reyes Católicos. Pero con la grave crisis que sufre en el siglo XVII se convierte en un país de pasado glorioso con graves problemas y afectado por una regresión económica y cultural. Es posible que todo ello explique el reverdecimiento en el siglo XIX del nacionalismo culturalista y digamos sin estado. La política estúpida de Franco, de imposición manu militari, desprestigió al país de una manera tal que convirtió a la palabra España en un sinómimo e injuria y de identificación con el propio régimen. El problema es que hemos pasado del nacionalismo centralista feroz del franquismo, a una descentralización poco planeada. Los demócratas aceptamos los valores anticentralistas sin darnos cuente a dónde nos podía llevar. ¿Es éste uno de los problemas que la transición política no supo resolver? Los hechos han dado la razón a los críticos. Se decidió que todo lo que fuera negar el franquismo era bueno por definición, al igual que todo lo que fuera antinacionalista español. Faltó reflexión y rigor. No se puede negar todo lo que se odia, las cosas no son tan simples. Se puede ser antifranquista y no por eso anticentralista e irreflexivo. La transición se hizo mal porque se intentó quemar etapas demasiado deprisa. Un ejemplo de ello es la educación. Al dejarse en manos de los nacionalistas, estos se han dedicado a intoxicar a la juventud, intoxicación que en el País Vasco está teniendo unas consecuencias muy graves. Para los demócratas todo esto ha sido una decepción. Me considero antinacionalista pero no nacionalista español. El nacionalismo chauvinista catalán o vasco está teniendo los mismos efectos que el nacionalismo español de Franco. El mito de los Reyes Católicos resulta tan idiota como el de Rafael Casanova, lo mismo que el de Kosovo o el de Serbia, o el de Estados Unidos, un país también muy nacionalista. Yo me inclino por una visión universalista. ¿Qué opina de la teoría histórica de Marx? Creo que la teoría de la historia de Marx es la que mejor conozco, aunque sus ideas presentan también muchos problemas. No soy un creyente incondicional, pero sí creo en su esquema del desarrollo social como consecuencia del desarrollo económico y también que la historia se entiende estudiando la lucha de clases, aunque no se puede aceptar como una verdad absoluta e inmutable. En mi último libro, La Revolución del siglo XX, explico que con la Revolución Francesa se hunde el régimen absolutista en el que dominaban los terratenientes y la nobleza. Es entonces con la burguesía, cuando la riqueza y el talento de una clase que no es noble entra a formar parte de ese principio de igualdad, fraternidad y libertad, pero con una limitación: a pesar de que todos somos iguales, los pobres no conviene que voten porque están fuera del sistema, no están educados. Así el Estado que nace no es aquél en el que la burguesía anula a la nobleza. El parlamento que emana de la política del siglo XIX está formado por nobles y clase media, los trabajadores o proletarios, de Marx, están excluidos por definición, porque el sistema de sufragio está relacionado con el pago de impuestos y, por tanto, el que no paga impuestos o lo hace por debajo de un cierto nivel no tiene derecho al sufragio. ¿Qué elementos definirían la revolución del siglo XX? Ha sido la revolución de la socialdemocracia, sin violencia, que ha permitido un cambio profundo y relativamente rápido de la sociedad, sobre todo de la europea y la de los países industrializados, aunque el resto de naciones tratan de imitarla en lo que pueden. Mientras en Rusia estallaba violentamente la revolución, en el resto de Europa se desarrollaba la verdadera revolución que por otra parte no podía implantarse más que en el viejo continente, gracias a su nivel de desarrollo social y económico. Una revolución socialdemócrata no puede fraguarse en países subdesarrollados. Su programa resulta caro; pagar pensiones a todos, seguro de desempleo, ayudas a la maternidad, a la vejez , sólo se lo puede permitir una sociedad rica. La revolución en el siglo XX ha venido precedida de un siglo entero de crecimiento económico. En España, en los últimos años los sindicatos han sido consultados ante las medidas económicas adoptadas por los gobiernos. El Partido Socialista gobernó durante mucho tiempo, aunque no el comunista, que en España ha sido un partido pequeño y sectario, mientras que en Francia y en Italia han gobernado coaligados. Desde la caída del Muro de Berlín los partidos comunistas han cambiado y el estalinismo está totalmente desprestigiado . Sumarios: "En la polémica sobre la enseñanza de la Historia ninguna de las partes está aplicando criterios científicos y desinteresados" "La transición se hizo mal porque se intentó quemar etapas demasiado deprisa. Un ejemplo de ello es la educación" "Hemos pasado del nacionalismo centralista feroz del franquismo, a una descentralización poco planeada. "En las autonomías se plantea una visión partidista y falsa de la historia, y esto no se debe tolerar porque se está perjudicando al alumnado"
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